Mientras todos pensamos en placas solares y molinos de viento, Alemania se prepara para apostar fuerte por el hidrógeno

Mientras todos pensamos en placas solares y molinos de viento, Alemania se prepara para apostar fuerte por el hidrógeno

Siemens anunció en julio que está construyendo su mayor hub de investigación en hidrógeno en la ciudad Görlitz, al este de la Sajonia alemana. EON ha iniciado un proyecto piloto para aumentar la cantidad de de hidrógeno en el sistema de distribución del gas natural. Las compañías alemanas RWE y Innogy están evaluando la instalación de una enorme fábrica de hidrógeno verde en los Países Bajos. Uniper está desarrollado sistemas para almacenar energía eólica en combustible basado en hidrógeno.

En los últimos meses, una palabra recorre Alemania desde las mesas de los funcionarios a los consejos de administración de las grandes empresas: hidrógeno. Pero ha sido en las últimas tres semanas cuando el Gobierno federal ha impulsado 20 laboratorios sobre este combustible, cuando ha quedado claro que el hidrógeno ha dejado de ser solo una gran promesa para romper con la enorme dependencia alemana del carbón y se ha convertido en una apuesta clave.

Alemania quiere ser líder del hidrógeno, pero falta saber si solo es una huida hacia adelante

Max Bottinger Gup8mcvssf0 Unsplash Max Bottinger

El gran fracaso energético alemán. Tras casi dos décadas de transición energética, la famosa Energiewende, Alemania sigue quemando carbón como si no hubiera un mañana. Aún hoy, las distintas variedades del carbón siguen estando por encima del 40% y, solo ellas, representan casi un tercio de las emisiones del país. Que el país que donde nació el ecologismo político sea, cincuenta años después, uno de los países que más emisiones generan es una losa que ningún gobierno ha sido capaz de quitarse de encima.


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Por eso, mientras las grandes empresas alemanas toman posiciones para conseguir parar el cada vez más inminente apagón nuclear, el Gobierno busca desesperadamente alternativas que permitan "descarbonizar" la economía del país sin entregar la cuestión atómica a un partido verde que, además de ser su principal detractor, está creciendo con una fuerza nunca vista por todo el país.

Y la respuesta está en el hidrógeno. Primero porque libera solo agua cuando se quema y, en este sentido, es muchísimo más limpio que el carbón, el petróleo o el gas; y segundo porque Alemania ya que una infraestructura de distribución gas que puede transportar y almacenar grandes cantidades de combustible. En este sentido, la asociación nacional de distribuidoras lleva años pidiendo que el gas natural lleve una parte obligatoria de gases renovables y limpios hasta alcanzar un 10% en 2030.

En espera de una decisión Y es que, como otros países como Japón, China o Gran Bretaña, Alemania lleva años tonteando con esta tecnología. No sólo tiene instalaciones pioneras, sino que lidera también algunas de las grandes tecnologías aplicadas como el primer tren impulsado por hidrógeno. Pero hubo que esperar hasta julio de este año para que el Ministerio de Economía anunciara oficialmente que su objetivo pasaba por convertir el país en el líder mundial de esta tecnología.


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¿Por qué ahora? Además de como una salida al problema nuclear, lo que ha cambiado es nuestra creciente capacidad para producir y manipular el hidrógeno, un gas caracterizado por su volatilidad y su gusto por el fuego descontrolado. Ahora, el gobierno acaba de anunciar una inversión en I+D de más de 100 millones al año para desarrollar soluciones industriales que aprovechen estas décadas de avances.

Pero por desgracia para Alemania, las tecnologías del hidrógeno van más lento de lo que nos gustaría. La jugada es arriesgada y va en la línea de otros países como Japón (y su apuesta por los coches impulsados con este combustible); sin embargo, tendrá que hacer mucho más si realmente quiere dejar de ser una oveja negra en el corazón de la Unión Europea.

Imagen | Ac Almelor

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Javier Jiménez

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Cómo sería un mundo sin el Amazonas: la oleada histórica de incendios en Brasil nos enfrenta al escenario que quedará tras ella

La cifra la dábamos ayer: según las estimaciones del Instituto Nacional de Investigación Espacial del Brasil (INPE), en lo que llevamos de año se han detectado 72.843 incendios en Brasil. Es decir, un 83% más que durante las mismas fechas de 2018. La Amazonía está ardiendo como nunca antes. Y el "nunca antes" es importante. A las puertas del G7, António Guterres, secretario general de la ONU, ha manifestado su "profunda preocupación" y Emmanuel Macron ya ha calificado los incendios de "crisis internacional", pero ¿es cierto? ¿Qué lo hace distinto a otros grandes incendios? ¿Cómo podría afectarnos que desapareciera el Amazonas para convertirse en una enorme huerta donde pasta el ganado y crece la soja? ¿Qué arde en Brasil? De los 72.843 incendios registrados hasta mediados de agosto, el 52,5% (unos 38.228) afectaron directamente a la selva del Amazonas; el 30,1% (21.942) ocurrieron en las inmediaciones de la selva, en lo que se denomina "sabana brasileña"; y, por último, el 10,9% de los fuegos afectaron a la región boscosa que se alza en el litoral atlántico del país. En Magnet El impacto medioambiental de los incendios del Amazonas, explicado en un mapa Estados como Amazonas o Acre ya han declarado la situación de alarma y otros mucho (Mato Grosso, Paraná o los alrededores de Sao Paulo) han sufrido niveles altísimos de contaminación atmosférica por las humaredas. Solo en Mato Grosso, en pleno Amazonas, se han declarado 13.641 incendios, un 205% más que el año pasado. Sin embargo, como la mayoría de expertos internacionales saben, lo que se está quemando no es solo un bosque: es una pieza clave en el equilibrio ecológico global. El mismo Guterres ha dejado claro que "en medio de la crisis climática mundial, no podemos permitirnos más daño a una gran fuente de oxígeno y biodiversidad". ¿Qué perderíamos? No es sencillo saber cuales serían las consecuencias finales de la desaparición de las selvas tropicales del Amazonas. Fundamentalmente porque no tenemos modelos sólidos capaces de estimar el impacto de un evento tan disruptivo de manera aceptable. Sin embargo, mirando qué cosas se perderían con la deforestación de la selva brasileña podemos hacernos una idea de la dimensión de la catástrofe medioambiental. En Magnet El Amazonas, en manos de Noruega: así ha terminado una diminuta nación con la misión de salvar la selva El gran pulmón del mundo: Las enormes selvas tropicales del Amazonas tienen la capacidad de absorber hasta 2.400 millones de toneladas de dióxido de carbono cada año. Eso supone la cuarta parte de todo el carbono absorbido por los bosques de todo el mundo. 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Salvando las distancias, el 'Dust Bowl' que enterró el centro de Estados Unidos en arena durante los primeros años del siglo XX y obligó a migraciones masivas agravando la Gran Depresión fue un proceso parecido. Lo más probable es que si destruimos la selva para cultivar, en menos tiempo sus fértiles terrenos se conviertan en polvo. Diversidad social. Hoy por hoy, más de 350 comunidades indígenas viviendo en la Amazonía y sus reservas. Son fenómenos sorprendentes que nos han ayudado a entender mejor el origen del lenguaje, la estratificación social o la agricultura. También son estructuras muy frágiles que ya están en peligro. De acuerdo con el INPE, en la última semana los fuegos han afectado a 68 áreas protegidas. Lugares como el Parque Nacional de la Chapada dos Guimaraes ya ha perdido el 12% de su vegetación. ¿Qué hacemos ahora? Esa es la gran pregunta. El Amazonas, hoy, está más amenazado de lo que solía estarlo. 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